viernes, 21 de septiembre de 2012

19# No le pongas miel a la verdad.

Aveces me odio a mi misma, por ser como soy y pensar que todo podría volver a ser como antes...
pensar que sigue existiendo esa mínima esperanza, de que me vengas a buscar en tu moto y me digas un simple "te quiero", y un "quiero pasar el resto de mi vida junto a ti" y que cuando me lo digas me salga una sonrisa de oreja a oreja y fuera a lanzarme corriendo a darte un beso, como si se fuera acabar el mundo, y eso me hace pensar. 
Me doy cuenta de te sigo queriendo como el primer día, de que te he querido, y te querré y que siempre tendré en mi corazón a una persona tan importante como lo has sido, tú, y lo serás siempre.




Esa simple esperanza hace que mi vida cambie de color, que cuando me levante no lo vea todo negro, como si nada me importara en la vida, como si quisiera que se acabara el mundo por no tenerte a mi lado, si no que, al acordarme de todos los recuerdos que hemos vivido me hace verlo de otro color, un color alegre, como el amarillo.
De que al estar lista para irme, me mire al espejo y me diga a mi misma, -hoy es el día-, hoy es el día en el que él se dirigirá hacia mí, y me dirá un simple "hola" que me haga sonreír. Pero cuando pasan las horas, los días, los meses, nunca llega ese "hola" ,ni la puta esperanza de que venga a buscarme y me derrumbo, pero ahí aparece mi angelito y me dice - eh, que tú, lo vales- y me hace reír y darme cuenta de que la vida vale la pena vivirla, no con tristeza, ni sufrimiento, si no, con alegría. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario