Caminaba por un cementerio, pero no me sentía melancólico o asustado. Era un lugar hermoso, agradable, lleno de paz. El lugar en el que no querría descansar eternamente si al morir no le incineraran. Entonces me puse a mirar todas las tumbas, todas. Ahí estaban Cobain, Morrison, Lennon, Hendrix y los demás. Tumbas llenas de vida, ¿ captáis el contrasentido? Tumbas de colores, llenas de flores, cubiertas de pintadas de arriba abajo, preñadas de la devoción de los irreductibles, aunque en ese momento solo yo estaba allí. Por el suelo casi podían verse las huellas de todas las lagrimas derramadas a través del tiempo. Las lagrimas de la legión de los desesperados y desheredados que aun gritaban y se lamentaban. "Kurt, maldito cabrón, te necesitábamos", "Jim, se que estas ahí, en alguna parte, llámame", "Te quiero, Jhon, espérame", "¿Por que e fuiste, Jimi?". Pintadas llenas de sentido y sentimientos.
Y no solo estaban las tumbas de los que se fueron, sino de los que un día lo harían, Clapton, Reed, Jagger, Bowie, McCartney...
Todos los hermanos, los colegas, los que valían algo y representaban algo descansaban allí por los siglos de los siglos, juntos.
Todos menos yo.
Ahí estaba la cosa, que no encontré mi tumba. Asi fue como supe que no iba a conseguirlo, que siempre seria un mierda.
"Nunca seremos estrellas del rock"- Jordi Serra i Fabra.
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